25.12.05

Nochebuena

Una patética cena artificial para tres personas. Luego se han sumado tres más. Un poco de sidra, algo de refrito televisivo, y reir un poco la poca familia que nos hemos juntado.

Un día más, si, pero indicador de como las cosas cambian. De gente a la que antes llamabas y que no volverás a ver en la vida. Y de como se distancia todo. Nadie es imprescindible, aunque eso siempre es mentira.

12.12.05

Locura fascista en el Calcio

HISTORIAS DEL CALCIO - ENRIC GONZÁLEZPiazzale Loreto ENRIC GONZÁLEZ EL PAÍS - Deportes - 12-12-2005

La gente grita muchas burradas desde la grada. La costumbre del grito de estadio es tan vieja como el fútbol y tiene, en general, virtudes catárticas y terapéuticas. La mayoría de los gritos, espontáneos o corales, son irreproducibles. Se oyen barbaridades y ha sido así desde siempre. ¿Es razonable limitar ese repertorio de agresiones verbales? Hoy se tiende a pensar que sí, al menos en lo que toca a los insultos racistas. La cuestión racial constituye una falla tectónica de las sociedades europeas y los gruñidos simiescos de ciertos sectores no sólo producen vergüenza ajena: a estas alturas, causan alarma.

Existe, por supuesto, un Más Allá. Se encuentra en Italia y aflora a la superficie en encuentros como el Livorno-Lazio de ayer. Comparados con ese Más Allá, los gruñidos simiescos y otras consideraciones estúpidas sobre el tono de la epidermis ajena parecen pucheritos de guardería.

Ayer, en el estadio Armando Picchi, livornés, la muchachada lazial animó la salida al campo de los suyos con gritos de "¡Mussolini, Mussolini!" y con un vistoso despliegue de cruces célticas. Los hinchas locales esgrimieron las habituales pancartas con la efigie del Che Guevara y con el canto de Bandera Roja. Un poco antes, el autocar que trasladaba a los futbolistas del Lazio había sido atacado con una granada lacrimógena y algunos porrazos y un destacamento policial que controlaba una entrada sufrió el ataque de un grupo de tifosi livorneses: a un agente le abrieron una brecha en la cabeza y hubo que aplicarle ocho puntos de sutura.

Hasta ahí, todo normal. Cosas que suceden todos los domingos en el calcio. El auténtico Más Allá abrió sus fauces al cuarto de hora de la segunda parte, después de que el Livorno marcara el primer gol. Di Canio, que lleva tatuada en el brazo la palabra Dux y cuyas simpatías fascistas son tan notorias como su Ferrari azul eléctrico, fue sustituido. Di Canio corrió hacia la grada de los seguidores del Lazio y se despidió con el brazo tieso, igual que en un Roma-Lazio del curso pasado. La muchachada respondió con entusiasmo al gesto de su ídolo. Cientos de brazos se alzaron en el saludo fascista, delicadamente realzado con el grito "¡boia chi molla!", una vieja consigna mussoliniana que, traducida libremente, vendría a significar "¡perro el que afloja!".

Desde el resto del estadio se elevó, como un aullido, la frase "Piazzale Loreto", repetida hasta el infinito. Piazzale Loreto es una plaza de Milán sin gran atractivo estético. Aún está ahí la gasolinera de cuya cubierta, el 28 de agosto de 1945, colgaron los cadáveres de Benito Mussolini y su amante, Clara Pettacci, en compañía de otros jerarcas del régimen. El espectáculo de aquel 28 de agosto fue penoso. Los ensañamientos con cadáveres suelen serlo.

No sé si se puede ir más lejos. En cualquier caso, lo ocurrido en Livorno pone los pelos de punta. ¿Saben lo más grave? Que hoy, como en anteriores ocasiones, algún comunista encallecido como Sandro Curzio, antiguo responsable de propaganda del PCI, director del diario Liberazione y diputado de Refundación Comunista, dirá que Di Canio es un chico excéntrico, pero simpático, y que se le malinterpreta. Curzio es comunista, pero por encima de todo es tifoso del Lazio. También justificaría los gritos de "Piazzale Loreto" un fascista livornés si tal personaje existiera, que lo dudo. Las banderas del calcio están por encima de la fe política, de la decencia y del sentido común. Si hay que dar "vivas" a la muerte, se dan.

En los estadios italianos se incuba una bestia muy desagradable.

9.12.05

Elogio del alcohol

Maravilloso es el fruto de la vid cuando fermenta. Prodigiosa es la cebada amarga deslizando por la garganta. Bienaventurados los que beben, porque ellos verán a las chicas guapas.

El alcohol es cimiento social desde mucho antes de la existencia de las religiones. Cuando el hombre vivía con mitos y leyendas en las eras de los metales, ya conocía las bendiciones de la cebada y del cáñamo. El vino fluía por los cuerpos desnudos de las grandes bacanales romanas, y el vino sellaba envenenado los lazos de las monarquías en la Era de los Caballeros. Antes que agua, los aguerridos marineros dieciochescos bebían ron y eran reclutados en las tabernas. Y la cerveza corría más rápido que la sangre en las conquistas alemanas de la Vieja Europa.

El motivo porque se reverencia al alcohol, desde el niño al decrépito, y no a otras sustancias opiaceas, es sencilla: La alegría del bebedor sólo es superada por la hiraldía que siente el vino al ser bebido. Alegría y jolgorio que contrasta con el aletargamiento de la inmoderada brisa del cannabico. Sin embargo, y al igual que no es lo mismo paladear un espumado que el veneno ginebresco cosechado en el Ganges por milenarios indios; los opiáceos y los estupefacientes no son todos iguales. Algunos producen sopor, pero otros alzan el alma haciendo de las preocupaciones la intrascendencia jocosidad que merecen. Y no puedo sino recordar aquellos maravillosos vegetales que, surgidos por un destino sublime en las profundidades insulares del Pacífico, nos mecen a paraísos artificales donde el individuo se encuentra consigo mismo.

El alcohol es bondadoso y un amigo. El afecto de uno a otro trae la destrucción en el abuso y la maldad. Cada individuo es distinto, y el licor no puede sino sacar su más arraigado ser. El alcohol hace al malo deplorable, y al bueno mejor. Sin embargo, el mero gesto de beber no es fatídico: El hombre vive en una realidad artificial, y el alcohol bien utilizado no hace sino darle alegría. Por todo ello: ¡Salud!

6.12.05

La asfixia de la inspiración

Las ideas brillantes que surgen espontaneamente siempre se diluyen en la transformación material de la obra. Una de las grandes pesadillas del afán creativo es la limitación física para trasladar la ocurrencia tan brillante como cristalina. Ésto, además, siempre suele ocurrir en momentos de tranquilidad como la pereza nocturna o el viaje, quedando postergado en la mente del creador con una sonrisa de oreja a oreja hasta el momento inevitable del regreso posterior a la genialidad. Entonces ya nada queda.

No existe peor mal que la falta de inspiración. Desear la liberación de muchas ideas que existen en la mente pero no tienen forma. Y es que no es ese más que el nudo gordiano en el cual gira la creatividad: Todo el mundo tiene ideas brillantes, pero muy pocos saben concebirlas. Ésto es lo que provoca el ahogo del artista que ansía un simple haz de inspiración (Cualquiera que simplemente se dé cuenta de su naturaleza creadora supone un individuo interesante)

La concepción artística surge de innumerables variables, pero todas se reducen a una máxima: Vivir experiencias que den que pensar. Las peores experiencias suponen una fuente inagotable de reflexiones, pues suspirar es inspirar; Pero sería un reduccionismo absurdo desde el mismo momento que sólo atañe a ello y es olvidado que somos lo que vemos, oimos y leemos. Un escrito es la evolución de un escrito anterior. Tampoco conviene olvidar la importancia de los paraisos artificiales en los que el individuo forma junto con el éter alcoholico un nuevo Creador, en el que la alegría del bebedor sólo es superada por el vino de ser bebido.

No seré yo el que defina mi calidad artística. Desconozco el grado de hominización en mi escritura, pero si doy fé de mi alegría creativa. Lamentablemente, mis limitaciones son pulibles hasta cierto punto, pero es una cuestión temporal que no me atañe. Podría publicar miles de reflexiones, pero serían desolladas por mi escaso talento. Y además, prefiero que algunas vivan libres en mí a ser presas de mi censura en la publicación, por lo que sólo publicaré lo que escriba: Y es que aquel que dice escribir para sí mismo y no quiere ser leido, no sólo miente sino que sufre de agravados problemas mentales.

5.12.05

CMT, un canal de cine

Reconozco que el título de este hilo es lamentable, pues lo podría haber firmado cualquiera. Pero es lo que hay.

En una de esas noches de rutina que ocurren cuando ni dormir ni estar despierto tiene algún interés, viví un acontecimiento inaudito: Descubrir un canal televisivo visible. Tirado en el sofá como el bueno de Al Bundy, tuve la premonición de encontrar por fin algo grande en un periódico. Por supuesto, lo abrí por las últimas hojas para evitar leer noticias, y en la sección televisiva ví lo que nunca antes hubiera creido: Dos películas seguidas en un canal. Pero no dos películas estúpidas de preestreno. "El Precio del Poder" y "Rambo II", dos clásicos; una obra maestra y una gran peli de acción como las de antes. Dispuse la cinta para grabar la primera, pero me atraparon ambas. ¿La razón?

¡¡¡NI UN PUTO MINUTO DE PUBLICIDAD!!!

Sólo Rambo tuvo dos pausas, de menos de cinco minutos. Y Scarface no tuvo ni un miserable parón. No sólo ponen películas buenas, sino que las respetan. Y las ponen por la noche a partir de las diez, en horario respetable. Y no es la primera vez, pues en ese canal he visto míticas como Rocky, Los heroes del Telemark... y ahora pondrán Acorralado, El pueblo de los malditos...

La programación, aparte de tener las 16 horas de relleno, como todas, cuenta con dos pelis al día mínimo. Por supuesto, muchas prescindibles, pero también muchas joyas. Gracias a Wilder se puede ver de vez en cuando cine en televisión.

Si queréis cine: La Dos (Memento, Hana Bi, Días de Cine en las últimas semanas), Telemadrid (esos ciclos y antiguo Megahit), y Castilla la Mancha Televisión.