Análisis 'Primera plana' de Wilder -película-
Fernando Trueba subía triunfador al escenario para recoger el Oscar por ‘Belle Epoque’. Su dedicatoria sería inolvidable: “Me gustaría creer en Dios para darles las gracias, pero solo creo en Billy Wilder. Gracias Mr. Wilder”.
Al día siguiente, el director recibió una llamada: “Hola Fernando. Soy Dios”. No podía ser otro, era Billy Wilder.
Billy Wilder antes que cineasta fue periodista. Conocía muy bien los entresijos de la profesión, y sabía que este mundo es totalmente especial y distinto al resto de trabajos. Sin duda Wilder se sentía fascinado por ello, y por ello filmó ‘Primera plana’, una de sus películas más reconocidas que parodia el mundo del periodismo con la genialidad en clave de humor y ácida ironía que siempre caracterizó al director.
Sin embargo, la idea no es original de Wilder. La película es una adaptación de ‘Luna nueva’ de H. Hawks y destacando la interpretación de Cary Grant. Sin embargo, esta también se inspira en la obra teatral de B. Hecht y C. McArthur ‘Front Page’. Aparte de las dos películas mencionadas, existen aún más versiones en el cine.
La película, a pesar de sus claras referencias, tiene la suficiente calidad y toque personal de Wilder para no ser una mera adaptación más. A ello contribuye la pareja fetiche del director: Jack Lemmon y Walter Matthau. Como en otras películas del director, ambos se complementan en una relación de amistad-odio en el que Matthau interpreta el lado cascarrabias y cínico, totalmente distinto a la naturalidad y alegría de Lemmon. De esta extraña pareja surgen los mejores diálogos y gags: Jack Lemmon es el periodista estrella del periódico que dirige Matthau, pero a pesar de su éxito, decide dejarlo para casarse e irse de la ciudad con su mujer. El problema es que Lemmon está cubriendo el proceso contra un culpable de asesinato al que se va a ejecutar al día siguiente. La película tiene en uno de sus pilares los intentos de Matthau para evitar la marcha de su periodista estrella, todos ellos hilarantes por el juego sucio y manipulador del director del periódico y la devoción al periodismo de Lemmon.
En el plano formal, la película es puro cine clásico. Los gags, en vez de visuales como la moda de su tiempo, se decantan por la riqueza de los diálogos y todas las posibilidades que ofrecen combinados con el contexto. Un exponente de ello es el psicoanalista de la prisión, una clara caricatura de lo freudiano tan en boga y exagerado al máximo. El desvariado psicoanálisis que hace ante la perplejidad del reo es uno de los momentos cumbres de la película: la asociación, totalmente disparatada, del arma con lo fálico y los abusos de sus padres es un claro homenaje –irónico y muy ácido- a las teorías de Freud.
Por otra parte, Wilder presenta toda la acción bajo la unidad narrativa y temporal, presentando los hechos desde la presentación al desenlace sin ninguna alteración en el discurrir del nudo. La acción se desarrolla en un día, desde el día antes a la ejecución del preso hasta la madrugada del día siguiente del final feliz. Todos los hechos se presentan causalmente, siendo todos efecto del discurrir de la acción. Por otro lado, la clave espacial de la película se centra en la prisión, exactamente en el departamento de prensa, donde se desarrolla casi toda la película. Sin embargo, la acción sale por necesidades de la historia a otros escenarios, como la casa tiroteada, el periódico y la estación. Aunque existe una gran centralización del espacio en la película, no alcanza para considerarlo un elemento clave como en la magistral ‘La soga’ de Hitchcock y James Stewart, donde la cámara en ningún momento hace fundido por que toda la acción es continua a lo largo de la película.
El otro elemento formal –bastante indirecto- que beneficia al filme es la libertad con que cuenta Billy Wilder para hacer la película. La censura que pudo influir algo en anteriores obras como ‘Con faldas y a lo loco’ o ‘Un, dos, tres’ ya no existía como tal en 1973, el año de ‘Primera plana’. Los personajes son caricaturas de lo que representan: el jefe de prisiones es un policía torpe y excesivamente patriota, que ve bolcheviques por todos lados; una visión risible de la Guerra Fría –en apogeo entonces- y del alarmismo anormal de los responsables políticos y de seguridad. También está el gay histriónico, personaje llevado al límite con humor pero que hoy en día sería menos aceptada la ironía por el tabú y respeto hasta el exceso que goza la comunidad homosexual.
Sin embargo, lo mejor desde mi punto de vista es el tratamiento que hace Billy Wilder del mundo del periodismo. Aborda varios arquetipos de periodistas y el desparpajo que envuelve a esta profesión. El comienzo de la película nos muestra a un periodista de la cárcel protestando por no poder trabajar debido al ruido que hacen los obreros. Acto seguido, el plano se traslada al departamento de prensa, donde están todos los periodistas jugando a las cartas apostando sus artículos. Un golpe de efecto humorístico para comenzar la película.
La historia gira en torno a Lemmon y Matthau. El primero está cubriendo el proceso de la ejecución, pero decide casarse y abandonarlo el día antes del ajusticiamiento. Matthau, jefe del periódico, le necesita pues es su periodista estrella. Para evitar el abandono, recurre a engaños y otras tretas.
La primera es mandar un sustituto novato al departamento de prensa de la cárcel, donde se encuentra Lemmon despidiéndose. El novato ha estudiado carrera de periodismo pero, como en la realidad, esto no vale para nada; se necesitan ganas y ambición para buscar la noticia. El periodista novato no es más que un títere de los demás sin iniciativa y sin valor periodístico alguno. Esta paupérrima visión impulsa a Lemmon m tomar su testigo, pues el periodismo para él, como para muchos de nosotros, no es una profesión si no una devoción. Sin embargo, esta maniobra de Matthau solo le entretiene un rato, pues sigue Lemmon con la idea de marcharse cuando acabe de escribir la noticia.
Entonces el preso consigue huir, y es descubierto por Matthau y Lemmon. Matthau decide esconderlo para conseguir la primicia y todo el éxito de la noticia en una edición especial que no tendrán los demás medios. Esto es una práctica bastante común en el periodismo, donde en vez de dar la noticia ésta es construida. Aunque en la película el reo es inocente de la pena de muerte y esto es tratado con humor, en el fondo es preocupante la aceptación de esta práctica en el periodismo real.
Por otro lado, aparecen los periodistas de los otros medios cuya única preocupación es beber y jugar a las cartas en medio del desorden. Estos periodistas no se molestan en indagar nada; pero cuando surge una noticia y se enteran, luchan entre ellos por mandar la noticia antes a su medio, adornándola muchas veces hasta la mentira para que tenga más tirón. Otra característica suya es el gregarismo, pues cuando surge la noticia van todos en grupo sin tomar cada uno la iniciativa por su cuenta solos: igual que en la realidad, donde las noticias muchas veces son idénticas pues no ha habido preocupación por buscar otras perspectivas.
En contraposición, está el periodista gay. Este es muy aplicado y profesional con su trabajo, lo que le vale las mofas de sus compañeros. Sin embargo, estos son los que están atentos de él para rapiñarle las noticias que consiga. Él es un periodista metódico al que Wilder le añade la pluma para recrearse en gags y darle humor al personaje, sin el cual sería un mero trabajador.
En definitiva, una gran película de Wilder. Aunque no es una obra maestra como “Con faldas y a lo loco”, “Irma la dulce” “Un, dos, tres” o “La extraña pareja”; es una película muy buena, con un excelente humor negro y grandes dosis de ironía. Quizás el trasfondo periodístico influye en mi gran valoración del filme, pero creo que de todas formas, cualquier temática hubiera sido una genialidad en manos de Mr. Wilde.


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