26.2.05

Parte II: La doble cara de Karol Wojtyla

Los grandes defensores de la gestión de Juan Pablo II alegan a su favor el trabajo dedicado a la predicación católica por el mundo, especialmente en los países tercermundistas y a los jóvenes. No obstante, muchas veces se le ha llamado “El Papa de los jovenes”. Otras grandes decisiones atribuidas a él fue su defensa de la paz frente a la guerra de Iraq, intentar reunirse con el Pope ortodoxo ruso en los años noventa, o el perdón que concedió al homicida que intentó asesinarle. La obra popular de Juan Pablo II ha sido su sacrificio por visitar a todas las congregaciones católicas repartidas por el mundo, incluida la Cuba castrista en 1998.

Sin embargo, muchas medidas durante su mandato han sido fuertemente criticadas por la sociedad. Juan Pablo II ha condenado a lo largo de su mandato varias actuaciones erróneas de la Iglesia a lo largo de la historia, todas ellas sin vigencia y tras el paso de varios siglos en los que se ha diluido el mal producido. Por ejemplo, Karol Wojtyla por fin condenó la Inquisición, pero sin embargo la colaboración con los nazis en la Segunda Guerra Mundial ha sido un tema tabú, existiendo culpables aún vivos.
Por otra parte, condenó los casos de pederastria en Estados Unidos solo cuando la opinión pública fue especialmente dura con la Iglesia en 2002, no antes. La llamada disposición eclesiástica de ‘Tolerancia Cero’ fue suavizada dentro de la jerarquía de la Iglesia Católica con una nueva disposición en noviembre de 2002 aprobada en Washington por 246 votos a favor, siete en contra y seis abstenciones. Según la prensa norteamericana, más de 300 sacerdotes, sobre un total de 46.000, fueron destituidos o presentaron su renuncia en 2002. Una investigación del diario 'Dallas Morning News' reveló que dos tercios de los obispos habían encubierto las acciones delictivas de algunos de sus subordinados, contentándose a menudo con transferirlos de parroquia.
Otro caso de interés por pasar desapercibido de la alta jerarquía eclesiástica se dio en los años ochenta, cuando la Iglesia denunciaba las persecuciones de sus integrantes en Europa del Este, pero callaba los actos violentos y la coacción de sus miembros en América Latina, como en El Salvador, por parte de los gobiernos afines a Estados Unidos, con quienes compartía intereses.

Otras decisiones polémicas fue la involución ideológica tras el tímido proceso de aperturismo. Ejemplo de ello actualmente es la oposición enconada frente a la homosexualidad, el aborto y el condón. Un ejemplo se encuentra en su presunto libro –escrito en 2005, cuando la salud papal ha caído peligrosamente- ‘Memoria e identidad’, donde acusa a la homosexualidad de “ideología demoníaca”. Por ello criticó al gobierno español al permitir las bodas homosexuales al opinar que el matrimonio es la “continuación de la raza humana” y "Una realidad radicalmente inherente al matrimonio es la fecundidad". Proclama el “amor de la familia” alegando que su origen es “cristiano” y “heterosexual”, llegando a pedir "por todos los matrimonios llamados a ofrecer nuevas vidas continuadoras de la civilización y de la historia de la civilización".

Relacionado con la sexualidad, Juan Pablo II ha mostrado su firme oposición al condón, a pesar de la pandemia que significa el SIDA en todo el mundo con millones de muertos al año. Debido a su poder evangelizador gracias a sus campañas de solidaridad en poblaciones eminentemente analfabetas, han tenido la capacidad de difundir sus ideas a pesar del peligro que contenían algunas de ellas. El diario británico “The Guardian” publicó unas informaciones que destaparon como los misioneros católicos en muchos países afectados por la pandemia mentían a la población con la idea de que los condones tenían poros que dejaban pasar el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), intentando así propagar sus ideales de abstención sexual. No obstante, la Iglesia mantiene aún su oposición al condón habiendo hecho retractarse a su congregación en España en 2004 tras afirmar esta tímidamente que el anticonceptivo podía ser una solución.

El papado de Karol Wojtyla se ha caracterizado por su intervencionismo en la política internacional. Desde la llegada de Zapatero al gobierno español, muchas han sido las críticas a sus decisiones progresistas como permitir la igualdad homosexual en el matrimonio o promulgar la enseñanza laica siendo la religión católica una opción, no una materia. De cara a afrontar la renovación del Concordato, donde el Gobierno pretende equilibrar la financiación pública de la Iglesia adecuada a la voluntad de la población en sus impuestos, la Iglesia ha adoptado campañas de movilización de su masa social desde sus propios medios de comunicación, como la amenaza de manifestación en noviembre de 2004 y trayendo a Wojtyla de gira.

La política exterior papal se ha manifestado también afirmaciones públicas del Papa como las relacionadas contra la guerra de Irak, que sin embargo no impidió una reunión formal con el presidente Bush en 2003.

Sin embargo, la gestión de Wojtyla también se caracterizó por episodios polémicos como la afinidad al régimen de Pinochet. El Papa visitó Chile en 1987 por petición del régimen para apoyarlo. Esto fue duramente criticado por los sectores opuestos a la dictadura de Pinochet, aunque el viaje al final no tuvo mucha más repercusión social. Sin embargo, en 1999 la ‘Santa Sede’ efectuó una gestión diplomática con el gobierno inglés a favor del general Augusto Pinochet tras ser detenido por orden del juez Garzón, noticia afirmada por el portavoz vaticano Joaquín Navarro Valls. El motivo oficial era la no intromisión en política interna de esa nación por otros países, cuestión que sin embargo no impidió en 1987 el viaje de apoyo papal.

La misiva de 1999 tuvo origen de la alta jerarquía eclesiástica, aunque el Ministerio de Exteriores defendió la imagen del Papa no atribuyéndosela. Sin embargo el ex ministro conservador inglés Norman Lamont, afín a la dictadura chilena, afirmó que podría ser de Karol Wojtyla justificando a Pinochet pues defiende "la importancia de la vida de cada individuo. Pero también sobre la pérdida de la libertad bajo el Comunismo que suponía una amenaza en América Latina en 1973" agregando que al ser de origen polaco, Juan Pablo II conocía el mal de la “dictadura marxista”. El Ministerio de Exteriores inglés obvió dar más detalles aparte de negar su origen papal de la misiva vaticana.

Parte I: Salud Wojtyla

El pontificado de Juan Pablo II se ha caracterizado por sus continuos problemas de salud que le han mermado hasta la incapacidad actual, y por la involución doctrinal de la Iglesia ante la sociedad tras la tímida apertura del Concilio Vaticano II.
El inicio de la caída en barrena de la salud papal se produjo el 13 de mayo de 1981, cuando un pistolero turco, Alí Agca, le disparó la plaza de San Pedro en el abdomen y una mano. Pasó veinte días hospitalizado, aunque al mes sufrió una recaída por las infecciones contraídas en las heridas. Posteriormente perdonaría de cara al público al homicida en la cárcel.

Sin embargo, es en los años noventa cuando se agrava su estado de salud. En 1992 fue operado de un tumor benigno en el colon. En 1993 cayó por las escaleras del Vaticano y fue operado tras dislocarse un hombro. Otra caída, esta vez en la ducha en 1994, le obligó a volver ser operado para remplazarle la cadera. En los dos años siguientes, sendas gripes le obligaron a cancelar toda su agenda y pasar varios días en observación.
No obstante, el peor año fue este último,1996. Tuvo que ser operado para extraerle el apéndice tras una inflamación, y además le fue detectado el Mal de Parkinson. Lo que era un secreto a voces tras observarle la opinión pública espasmos en una mano, fue confirmado a finales de ese año.

La agravación del estado de salud de Wojtyla se ha manifestado en las innumerables gripes que ha contraído, especialmente importantes la ‘Influenzia’ de 1997 y la de 1999, que le impiden celebrar misa ante un público cercano al millón de personas en Cracovia.
También degeneró su Mal de Parkinson, al que se unió una artritis en 2002 que le ha incapacitado hasta el punto de que todos sus desplazamientos son asistidos en una plataforma móvil. Ello, junto con sus innumerables problemas de menos intensidad como problemas intestinales y gripes provocaron que su estado de salud fuese paupérrimo: En febrero de este año, dos gripes y sus insuficiencias respiratorias le causaron la hospitalización de urgencia y la necesidad de practicarle una traqueotomía para salvarle la vida in extremis.

Sin embargo, sus problemas de salud no tienen origen exclusivamente en causas naturales, accidentes y el atentado de hace más de veinte años. Karol Wojtyla se ha convertido en un icono del cristianismo católico por su carisma, origen del sacrificio y su fidelidad absoluta ante sus dogmas. La trascendencia del cargo papal y la venta de su imagen impulsaron al entorno de Wojtyla ha realizar cientos de viajes y miles de manifestaciones públicas aún cuando su salud se encontraba bajo mínimos. A pesar de todo el equipo médico que le acompaña a él exclusivamente, la falta de descanso ha empeorado su ya de por sí deplorable estado físico.

19.2.05

La construcción de la Unión Europea

Cuenta el mito clásico que Zeus, transformado en toro, raptó a Europa, una bella joven asiática hija del rey de Tiro Agenor, y la llevó a Creta. Esta metáfora ha ilustrado los orígenes de lo que es hoy Europa, su cultura e historia. El viejo continente, deudor natal de Oriente Medio y las culturas mediterráneas.

Muchos han sido los imperios que han intentado unificar a Europa bajo su poder. Desde el imperio comercial fenicio y griego por el mediterráneo, al militar y político de Roma.
La religión ha servido para intentar cohesionar bajo el poder de Dios el poder mortal de sus dirigentes: La Edad Media es la lucha de la Iglesia, desde Roma a Aviñón por disputarse el control de los fieles contra el Sacro Imperio Romano Germánico y los imperios infieles venidos de Oriente. Las interminables guerras que han azotado Europa han sido por la supremacía del continente, desde la Guerra de los Treinta Años a la Primera Guerra Mundial; desde Napoleón a Hitler.

Sin embargo, no es hasta la mitad del siglo XX cuando Europa ha estado más unida que nunca. Lo que no pudieron las armas, la teología o el poder omnipresente de los caudillos, lo ha logrado la voluntad de todos los ciudadanos europeos.

El origen de la unificación europea
Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba destruida por el conflicto bélico. La barbarie no solo había acabado con más de diez millones de vidas, si no que todo el progreso europeo en infraestructura, industria y redes de comunicación debía partir casi de cero de nuevo. El apoyo estadounidense con el “Plan Marshal” fue fundamental, pero también lo fue la solidaridad paneuropea.

En 1950 el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, propuso integrar las industrias del carbón y el acero de Europa Occidental. El resultado fue la creaciónen 1951 de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), integrada por Bélgica, Alemania Occidental, Luxemburgo, Francia, Italia y los Países Bajos. Países que diez años antes habían librado la guerra más violenta de la historia, pero que habían comprendido la necesidad de solidaridad y cooperación entre ellos para salir adelante. Los padres fundadores de este embrión paneuropeo fueron Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer, Robert Schuman y Jean Monnet. Este último sería el primer presidente de la “Alta Autoridad”, el primer organismo supranacional europeo que regulaba a la CECA gracias a la concesión de cierta soberanía por los países integrantes.

El éxito de la CECA llevó a los seis países a querer una mayor cooperación económica, que devino finalmente al Tratado de Roma de 1957, por el que se crearon tanto la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) y la Comunidad Económica Europea (CEE) Este tratado avanzó el concepto de “mercado común”, con la libre circulación de bienes. Sin embargo, el libre movimiento de personas, capitales y servicios siguió sufriendo importantes limitaciones hasta la unión total del Acta Única firmada en 1987. La CEE por otro lado fue dotada de una serie de instituciones para su funcionamiento como organismo supranacional: la Comisión, el Consejo, la Asamblea Europea (posteriormente el Parlamento Europeo), el Tribunal de Justicia y el Comité Económico Social. Todas las competencias de cada institución han sido ampliadas y matizadas en los diversos acuerdos y tratados posteriores

Por otra parte, también se acordó en Roma la “Política Agraria Común” (PAC), una política consensuada para proteger el mercado de los miembros frente a otros mercados. Para lograr tal objetivo se crearía en 1962 el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA), fondo que aún a día de hoy es un pilar de la Unión Europea, y que apenas ha sido reformado desde su constitución hace cuarenta años.

La “Europa de los nueve”
El éxito de la CEE impulsó a varios países a querer integrarse en la CEE. Reino Unido pidió su admisión a principios de los años sesenta, pero la negativa francesa retrasó la vinculación hasta el uno de enero 1973, cuando fue aceptada su petición junto con la unión de Irlanda y Dinamarca. Esto impulsó el crecimiento de la Comunidad hasta tener cerca de 250 millones de habitantes.

Durante este periodo histórico también destaca la fusión en 1967 de las instituciones de las tres Comunidades Europeas. Doce años después, en 1979, se realizarían las primeras elecciones de los ciudadanos de los Estados miembros para elegir a sus representantes, elecciones que se han repetido cada lustro hasta el día de hoy.

La consolidación europea
Aunque en sus inicios la política de la Comunidad estaba centrada en el devenir económico y lo social, la formalización de la CEE como ente internacional la hizo adquirir competencias más diversas, como por ejemplo “Seguridad Común” y “Política Exterior”.

La Comunidad siguió creciendo con la incorporación de Grecia (1981), Portugal y España (1986), creándose así la necesidad de modificar las estructuras institucionales que habían servido para la “Europa de los Seis”, pero que en ese momento doblaba los miembros, heterogéneos en su situación económica y social. Por ello, los Tratados fundacionales se modificaron en la “Acta Única Europea”, dirigida por Jacques Delors, el uno de julio de 1987. Se aseguraba así la libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios; se crearon fondos para el desarrollo de las regiones más atrasadas (Portugal, Grecia y España principalmente) y se adaptaba a la Comunidad a su situación contemporánea.

La Unión Europea nace del Tratado de Maastricht de 1992, fusionando definitivamente todos los Tratados y la Acta Única, para darle carácter político a la Unión más allá de la mera cooperación económica. El Tratado de la Unión Europea tiene metafóricamente forma de “templo griego” sustentado por tres pilares, como afirman quienes lo redactaron: El pilar central, “pilar comunitario”, basado en los tratados supranacionales –Tratados comunitarios, mercado común, PAC, Fondos de Cohesión...-, y los pilares exteriores de “cooperación entre gobiernos”, formados por “Política Exterior y Seguridad Común” (PESC) y “Justicia y Asuntos de Interior” (JAI)

La marcha a la moneda única: El Euro
El Tratado de Maastricht inició por otra parte el camino hacia la moneda única, estableciendo el calendario y los criterios para lograrla. Antes se establecieron unos programas de convergencia para coordinar las políticas económicas. Sin embargo, es con el Tratado cuando se toman medidas como independizar los bancos centrales de los gobiernos y la prohibición de financiar estos al sector público. Por otra parte, se creó el Instituto Monetario Europeo, embrión del Banco Central Europeo.


La tercera fase del Euro se inició en 1999, estableciéndose irrevocablemente los tipos de cambio –un Euro, 166,386 pesetas- y creándose el Banco Central Europeo para coordinar la política económica. Para la adhesión al Euro, se establecieron unos criterios que finalmente fueron bastante flexibilizados pues dejaban fuera a países como Italia –deuda pública por encima del 120% del PIB- o España, también con deuda pública superior a lo exigido inicialmente. Finalmente, el Euro se estableció como moneda europea el uno de enero de 2002, quedando fuera Reino Unido, Dinamarca y Suecia.

Mientras, la Unión Europea fue ampliada a quince miembros, con la adhesión de Austria, Finlandia y Suecia en 1995, y se iniciaron los trámites para la futura involucración en el proyecto europeo de los países del Este, libres tras la desaparición de la Unión Soviética. Sin embargo, el nuevo desarrollo de la estructura interna europea excedía a lo planificado en el Tratado de Maastricht, por lo que hubo que acometer reformas en el Tratado de Amsterdam de 1997. Este Tratado prestó más atención a los ciudadanos que a otros elementos de la Unión Europea, haciendo hincapié en materia laboral, seguridad y justicia. Así, en 1998, el Consejo Europeo acordó que la UE redactase y aprobase una Carta de Derechos Fundamentales basada en los principios generales expresados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), de 1950.

La Unión Europea sigue ampliándose actualmente, abarcando cada vez más al continente en su totalidad. Diez nuevos países fueron acogidos en 2004: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y la República Checa. Bulgaria y Rumania esperan unirse en 2007, y Croacia y Turquía comienzan las negociaciones de adhesión este año.

Para el correcto funcionamiento de la Unión Europea, se han ido creando nuevas medidas para adoptar las instituciones a la realidad europea. Así, el Tratado de Niza, de 2003, ha modificado a los organismos europeos para ser marco de la “Europa de los veinticinco”, y se ha aprobado la primera Constitución Europea que aglutina a todos los tratados para que empiece a ser referencia de la Unión en 2006.

La Constitución española

Con la desaparición de la dictadura y la esperanza democrática, era imprescindible formalizar un texto constitucional que estructurase el marco legal de la nación. Las Cortes elegidas el 15 de junio de 1977 no estaban sometidas a ningún reglaje formal. Por ello, se formó una ponencia integrada por siete miembros, dos progresistas y cinco conservadores, que entre agosto y diciembre de 1977 hicieron realidad el anteproyecto de Constitución presentada al Congreso en enero de 1978. Los padres de la Constitución fueron Manuel Fraga, Gabriel Cisneros, Gregorio Peces-Barba, José Pedro Pérez-Llorca, Jordi Solé Tura, Miguel Herrero de Miñon y Miquel Roca. Finalmente, se sometería a referéndum y sería aprobada el seis de diciembre de 1978.

Hubo varias dificultades para sacar adelante el texto constitucional, motivadas entre otras cosas por las exigencias de cada posicionamiento ideológico, llegando incluso a amenazar algunos integrantes, como por ejemplo Peces-Barba y Fraga, de marcharse de la ponencia si no se cedía en ciertos aspectos. Otra gran dificultad fue el hecho de que tres ponentes pertenecían a UCD, una coalición electoral con distintos puntos de vista ideológicos que serían incluso incompatibles en el desarrollo del anteproyecto constitucional. Por otra parte, también se encontraba la cuestión monárquica, en la cual los únicos que votaron contra el sistema de monarquía parlamentaria fueron los representantes socialistas, cediendo paradójicamente en ello el PCE representado por Solé Tura.

Sin embargo, el consenso fue posible gracias a la seriedad e interés por la transición democrática de la que hicieron gala los ‘padres’ de la Constitución. Todo ello hecho posible con grandes sacrificios en interminables reuniones –secretas como las más conocidas de Fernando Abril Martorell de UCD y Alfonso Guerra del PSOE-, los acuerdos de los Pactos de la Moncloa, y sobre todo por las concesiones de todos los integrantes por el bien común: a pesar de ser aprobada por mayoría de UCD y AP, no se realizó una Constitución que pudiera denominarse reaccionaria, ni PSOE ni PCE entorpecieron la transición democrática con ningún plan revisionista.

El texto fue aprobado el 31 de octubre de 1978 en el Congreso por 325 votos a favor, 6 en contra (diputados de Alianza Popular y PSOE vasco) y 14 abstenciones (entre las que figuran las del PNV), y aprobado también en el Senado por 226 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones.

La Constitución española fue finalmente aprobada por referéndum el 6 de diciembre de 1978. Sin embargo, contó con bastantes ausencias preocupantes: el 33% del censo se abstuvo, siendo aprobada solamente por 15,7 millones millones de españoles, el 58% del censo total frente al 8% de los 1,4 millones de votos en contra. Por otra parte, el nacionalismo vasco no estuvo representado en la gestación de la Constitución, provocando la abstención del PNV y todo su apoyo social de validarla en el referéndum, creando así un referente del problema soberanista vasco actual.

Sin embargo, la Constitución se puede considerar un éxito ya que ha cumplido veinticinco años sin haber sido modificada más que en algunas enmiendas, y estableciendo un modelo de Estado descentralizado y monárquico parlamentario que permite el consenso necesario entre todos los posicionamientos ideológicos españoles, funcionando más allá de los fallos que se le achacan.

16.2.05

La adhesión a la OTAN

El 30 de mayo de 1982, el Gobierno de UCD presentaba en Washington el instrumento de adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar del bloque occidental que había rivalizado durante medio siglo contra el Pacto de Varsovia, pero que en los últimos estertores del comunismo se encontraba en el dilema de su desaparición o no, sin un enemigo claro que justificase su existencia.

Tras la muerte de la dictadura, España inició en la democracia el proceso de normalización de sus relaciones exteriores. El acercamiento político a Occidente se tradujo en el inicio de negociaciones durante el gobierno de UCD para integrarse en la Comunidad Económica Europea y la OTAN. El testigo lo recogería el PSOE al llegar al poder en 1982, comprometido originariamente a a abandonar España a la Alianza, pero que tornó las posiciones por la continuidad en la organización en el definitivo referéndum de 1986.

La línea política del nuevo gobierno defendía en sus primeros años la neutralidad activa en la esfera internacional y medidas antimilitaristas como la retirada de las bases estadounidenses en territorio español. Felipe González diría que sería un “tremendo error” ingresar en la OTAN, y Alfonso Guerra manifestó a Diario 16 que "el eventual ingreso en la OTAN convertiría a España en una Colonia de los Estados Unidos". Estos paradigmas serían unos pilares de su victoria en las elecciones generales de 1982, prometiendo el referéndum. Sin embargo, el devenir histórico evolucionó a los planteamientos socialistas: era desaconsejable abandonar a la OTAN cuando estaba cada vez más claro que Occidente sería la locomotora mundial, y la estabilidad democrática desaconsejaba perder apoyos tras el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Por ello, el Gobierno estaba forzado a hacer un referéndum que podía ser perjudicial para sus nuevos intereses. A favor de la continuidad se encontraba Coalición Popular, la unión de Alianza Popular con el Partido Demócrata Popular y el Partido Liberal. Sin embargo éstos, para perjudicar al gobierno pese su apoyo a la OTAN, pidieron la abstención de los votantes. Esta medida incomprensible fue duramente criticada por su masa electoral, que desoyéndoles fue a votar a las urnas siendo un apoyo clave para el “sí”.

En contra, el partido mayoritario era el Partido Comunista. Denunciaba al PSOE por traición a sus promesas, y criticaba duramente la adhesión al imperialismo estadounidense y la presencia de armas nucleares en la soberanía española.

Finalmente, se celebró el referéndum el 12 de marzo de 1986. Este momento histórico partía con serias dudas sobre que decidiría el pueblo español, pues los estudios previos aseguraban que más del 40 por ciento votaría en contra. Sin embargo, contra todos los pronósticos, los resultados fueron: 29.025.494 electores, de ellos se contabilizaron 17.246.458 (59,42 %) de votos emitidos: 9.054.509 votos a favor (52,49 %), 6.872.421 votos en contra, 1.127.673 votos en blanco (6,53 %) y 191.855 votos nulos (1,11 %). España había decidido formar parte de la OTAN.

12.2.05

¿Afectó el 11-M a las elecciones generales?

“Sólo sé, que no sé nada”
Socrates, Siglo V. a. C.


Definitivamente sí. La cuestión es ¿Quién pudo cuantificar y cualificar el proceso causal atentado-votos a priori antes del 14-M?, y explicar así las causas objetivas del triunfo de unos y derrota de otros. Sin la intención de menospreciar a los mejores analistas políticos, dudo mucho de las certezas que afirman con rotundidad a priori un evento, pues la labor estructuralista en causa-efecto es propio de la historiografía, una ciencia que nace en el a posteriori, en la observación. Y el 11-M fue un acontecimiento, una ruptura violenta en el proceso rutinario del devenir, una sorpresa mayuscula, que para ser analizada con detalle histórico necesitará mayor amplitud de miras que la de todos los analistas de sobremesa que a los pocos días ya teorizaban acreedores de la Verdad Absoluta.

Las previsiones son meras previsiones. Todo Ser Humano tiene la capacidad intuitiva de formalizar un futuro en base a unas señales del presente, pero no deja de ser un individuo que no abarca al Todo. Por ello, y por los acontecimientos que escapan a la causalidad rutinaria, era imposible conocer quien ganaría y de que modo las elecciones: aunque los puntos de vista pudiesen ser más o menos cercanos al hecho, incoativamente eran todos igual de desconcertantes. Si no hubiese sucedido –sic-, podría haber ganado el PP o el PSOE, o empatar técnicamente. Y sucedido por desgracia el 11-M, ganó el PSOE como pudo haber ganado el PP de haberse dado las circunstancias correctas.

Sin embargo, tejer tales circunstancias para cambiar el curso histórico es difícil, pues aunque se puede decidir la línea de actuación intuitivamente con grandes estudios, el conocimiento de todos los mecanismos sociales solo son accesibles al conocimiento divino. Quizás el PP podría haber sido más paciente con los datos ofrecidos y no precipitarse, dando lugar a informaciones erróneas que se volvieron en su contra. El pueblo podría haber creído en el silencio como inoperancia, y habría dado la mayoría absoluta al PSOE. O podría haber creído que el PP era un gobierno serio frente a la infantilidad de la oposición en buscar culpables políticos, y haber votado masivamente a Rajoy. Lo mismo con el PSOE, que podría haber perdido su futuro gobierno de haber crispado la situación frente a un partido que buscaba el apaciguamiento. Las reacciones podrían haber sido como los americanos el 11-S, o no. Simplemente, buscar certezas es jugar al “If...” anglosajón, que ha sido a lo que ha derivado este país de bandos, más centrados en los políticos que en la política.

España, el país de la dualidad simmeliana. “Dos es anterior a uno”. Nacionalistas periféricos contra nacionalistas centrífugos; derechones contra izquierdistas. En este país de bandos, la empatía te excluye de la voz política. Así, el 11-M hizo de catalizador tras el atentado, elevando a la estratosfera de la estupidez los rencores de la desconfianza. Ni partidos ni medios afines fueron pacientes y serios para estar en su puesto y no enredar más el caos. Sin embargo, unos fueron peores que otros.

El PP, como partido gobernante, tuvo que hacer frente a una gran oposición desconfiada tras una legislatura de mentiras –Yak, armas de destrucción masiva, beneficios insospechados de apoyar a EEUU-, inoperancia –Prestige, AVE y socavones- y corrupción –privatización “dudosa” de Telefónica, negocios inmobiliarios, PP valenciano-. España, necesitada de unión tras el grave atentado, tenía en el gobierno a un partido altivo por su mayoría absoluta que había olvidado lo que era escuchar a la oposición. El 11-M solamente sirvió de catalizador para aumentar exponencialmente el recelo de los que dudaban de ellos, y más a medida que se conocían datos como las llamadas de Aznar a medios extranjeros, la demora de informaciones que ya sabían medios opositores, pero sobre todo la sensación de manipulación con eslóganes como el de la manifestación –eché de menos un simple “Aquí estamos por vosotros”,- la película sobre ETA o la comparecencia de Rajoy –Zapatero, más listo, mandó a su escudero; igual de ilegítimo, pero más limpio ante la opinión pública-.

Los medios, por otra parte, ayudaron al éxtasis social. Los medios opositores, Cadena Ser principalmente, informaban con grandes aciertos de lo que pasaba, aunque utilizando tales verdades para lanzarlas contra el gobierno, y sin citar muchas veces sus fuentes dificultando así la investigación. Sin embargo, esto por lo menos evitó la relajación gubernamental a la hora de informar, aunque el fin no justifique los medios. Otros medios, los afines, también enrarecieron al país. RTVE siguió las directrices gubernamentales de manera descarada, lo que pudo ser contraproducente para el gobierno. Y la estrella de la COPE, Losantos, simplemente utilizó el 11-M para intoxicar el ambiente de odio. Lamentablemente, Losantos eclipsó a los servicios informativos de la COPE desprestigiándolos.

La locura colectiva influyó sin duda en las elecciones. Con casi toda seguridad se puede afirmar que hubo mayor participación de no haber sucedido nada, pues los hechos dispararon la atención de los españoles a los medios, induciéndoles a participar, a sentirse parte de un momento histórico. Sin embargo, es difícil afirmar en que medida alteró las elecciones del 14-M de las hipotéticas sin atentado. Probablemente el atentado reafirmó el voto de muchos, y cambió el voto de otros. Sin embargo, cuantificar esto es imposible por mucho que nos remontemos al voto por correo.

Conoceremos la trama del 11-M, y todos los que participaron en el atentado dentro de mucho tiempo. La investigación nos dará las claves, pero sin embargo, no podremos afirmar con rotundidad su determinación en el resultado electoral. Sinceramente, yo pensé al principio en ETA, pero dudé el mismo día al ser tan grave, y luego pensé en el islamismo. Sin embargo, la gran lección fue la paciencia. Aún a día de hoy no me preocupo por la investigación, pues esta será firme cuanto más pase el tiempo y todo sea un estudio a posteriori de causas y efectos.

Por todo ello, creo que este país necesita templanza y empatía. La búsqueda de responsabilidades no tiene que ser la caza del oponente. Y en el caos, lo mejor que debimos hacer fue serenarnos por el bien común. No se trata de dialogar, si no de escucharnos. Esto no es una división, si no estrechar unos lazos comunes en nuestra divergencia.

“Huid de los profetas de la Verdad, pues ellos la defenderán por encima de la muerte, y no dudarán de vuestra muerte antes que la suya.”

10.2.05

La noticia como diseño publicitario: La cortina de humo -Película-

En 2003, durante la guerra de Estados Unidos contra Irak, la prensa y medios audiovisuales norteamericanos encumbraron a una nueva heroína, la soldado Lynch. Presa y herida por las tropas iraquíes, fue rescatada por una escuadra de infantería. Corrieron ríos de tinta contando la acción de combate que “sucedió” para su rescate, y las acciones de la soldado en tierras babilónicas. Posteriormente a su llegada a EEUU fue recibida por el clamor de la gente y de los políticos, que aprovecharon al máximo la historia de la nueva heroína de América.

Sin embargo, todo fue mentira. La soldado no llegó a disparar nunca, y sus heridas fueron producto del accidente de su vehículo en Nasiriya cuando fue su unidad emboscada. Levemente herida, fue trasladada a un hospital iraquí donde fue atendida hasta que un pelotón de soldados llegó allí para sacarla. No hubo un solo tiro en esa acción, pues en el hospital solo había civiles atendiendo a soldados y aldeanos heridos.

Esta historia podría haber sido perfectamente el trasfondo de la película “La cortina de humo”, del director Barry Levinson e interpretada por Robert de Niro, Anne Heche y Dustin Hoffman –actor con una laureada carrera en la que se ha mostrado muy crítico con la política estadounidense, demostrado en este film y en otros como “Todos los hombres del presidente”-, y con la colaboración musical de Mark Knopfler.

La película se centra en el apoyo de diversos grupos mediáticos, dirigidos por De Niro a los poderes políticos para controlar la opinión pública. El presidente a pocas semanas de las elecciones tiene un affaire con una menor, abusando de ella sexualmente. Esto acabaría con todo su rédito electoral, por lo que se orquesta una campaña mediática para distraer a la masa electoral. Se diseña una guerra ficticia contra terroristas albaneses, dirigida por un director de cine –Dustin Hoffman- que irá adecuando la narración bélica a las encuestas de las elecciones presidenciales.

El filme es planteado como una comedia con ciertos tintes dramáticos –las muertes del soldado y del director-, pero sobre todo con una profunda dosis de ironía. Sin embargo, la ficción es sobrepasada por la realidad: la invención de historias ficticias para invadir un país gracias a la manipulación de la opinión pública no es nada nuevo.
Un caso célebre fue el detonante de la Segunda Guerra Mundial, provocado cuando unas tropas de asalto de la NSDAP sabotearon un repetidor de radio alemán haciéndose pasar por “terroristas” polacos. Esto desencadenó el conflicto al invadir Alemania a Polonia.

Otro ejemplo manipulador se ha dado en el conflicto de Irak, tanto en su primera parte en la Guerra del Golfo de 1991 como en la invasión estadounidense de 2003. En el primer caso, una prueba de la OTAN para atacar a Irak fue que una enfermera kuwaití contempló horrorizada como soldados iraquíes entraban en la sala de atención a recién nacidos, y los sacaban de sus incubadoras matándolos. Su testimonio ante la ONU dio la vuelta al mundo y aceleró el proceso en el Parlamente estadounidense para entrar en guerra. Sin embargo, posteriormente se descubrió que la testigo en realidad era hija de un embajador en Oriente Medio, y que nunca había ocurrido nada de ello. Pero ya había calado en la opinión pública el odio a lo iraquí, y la guerra era imparable. El segundo caso se dio en 2003, cuando los medios de comunicación afines al partido republicano saturaron a la opinión pública con la amenaza del –inexistente- programa nuclear y bacteriológico iraquí, y la relación –inexistente- de Sadam Hussein con Osama Ben Landen. Relación antagónica en todo caso, pues ambos se han disputado durante décadas el liderazgo árabe, tanto desde el prisma laico de Sadam, como el islámico de Ben Laden.

Aunque la Guerra del Golfo era justificable en cuanto Irak atacaba a un país soberano como Kuwait, lo preocupante es la necesidad de manipular los mecanismos democráticos y de medios informativos para articular la política a los intereses gubernamentales. ¿Es lícito que el fin justifique los medios? Rotundamente no. El fin debe sustentarse en pruebas reales otorgadas por medios imparciales, cuyo interés en audiencia debería ser compatible con la justicia. En “La cortina de humo”, se recrea a una mujer albanesa –Kirsten Durst- que huye en medio del combate, con música de fondo para dramatizar la escena. En mi opinión, las guerras tienen suficientes momentos dramáticos para capturar en pantalla, que cualquier recreación de uno de estos debería hacer desconfiar al espectador sobre la veracidad de los acontecimientos que son narrados.

En la película se recurre por otra parte a la invención de héroes para inculcar euforia y orgullo al público objetivo; y esta ficción fue real seis años después en el caso de la soldado Lynch. La tendencia del periodismo es a crear “estrellas” como fin mercadotécnico, más allá del informativo. Una manera de conseguir ingresos de ventas es la de narrar hechos dramáticamente para entretener al lector o espectador. Es decir, novelar historias que necesitan de personajes carismáticos. Y estos personajes no suelen existir en la realidad mundana, si no que deben ser “retocados” para así dotarles de valores más cercanos a la épica teatral que a la descripción periodística. Truman Capote hubiera firmado grandes “noticias” en los medios de comunicación de haber sido periodista.

La película demuestra en definitiva como la esfera semiótica, con sus reglas y textos culturales, del periodismo se ha ido fundiendo con la semiosfera de la publicidad y la industria cinematográfica. El pilar informativo da paso a la imagen y al acontecimiento en vez de al texto y a la narración encausada. La credibilidad para la opinión pública tiene su origen en la imagen y en su manipulación, muchas veces rodada con el efectivismo propio de una secuencia de Hollywood. Es común observar en las noticias como se selecciona los planos más dramáticos y la música más apropiada para buscar el golpe de efecto que se desea en la mente del espectador, en vez de la información más completa sobre el suceso. Para apoyar esta teoría, recomiendo echar un ojo a las agencias de noticias, y posteriormente a las noticias de televisión de sobremesa. Mientras las primeras informan con grandes bancos de datos y fuentes, las otras cubren sucesos de escaso interés para el devenir vital de la población, pero que son historias que sin lugar a duda podrían fundirse con las series y películas de bajo coste que continúan al telediario.

De todas formas, ningún medio escapa a la manipulación, por lo que siempre he defendido que para evitar montajes e informaciones sesgadas, hay que recurrir a varias fuentes. Por ejemplo, El Mundo ha realizado un sospechoso y amarillista trabajo de investigación sobre el 11-M; y la Cadena Ser ha hecho un montaje informativo contra el BBVA por intereses de su grupo mediático. Sin embargo, la atención crítica a las informaciones que suministran ambos medios son lo suficientemente válidas en su unión para formar una idea de la realidad social cercana a la que es la Verdad universal, inalcanzable aún para el más ávido de los periodistas.