19.2.05

La Constitución española

Con la desaparición de la dictadura y la esperanza democrática, era imprescindible formalizar un texto constitucional que estructurase el marco legal de la nación. Las Cortes elegidas el 15 de junio de 1977 no estaban sometidas a ningún reglaje formal. Por ello, se formó una ponencia integrada por siete miembros, dos progresistas y cinco conservadores, que entre agosto y diciembre de 1977 hicieron realidad el anteproyecto de Constitución presentada al Congreso en enero de 1978. Los padres de la Constitución fueron Manuel Fraga, Gabriel Cisneros, Gregorio Peces-Barba, José Pedro Pérez-Llorca, Jordi Solé Tura, Miguel Herrero de Miñon y Miquel Roca. Finalmente, se sometería a referéndum y sería aprobada el seis de diciembre de 1978.

Hubo varias dificultades para sacar adelante el texto constitucional, motivadas entre otras cosas por las exigencias de cada posicionamiento ideológico, llegando incluso a amenazar algunos integrantes, como por ejemplo Peces-Barba y Fraga, de marcharse de la ponencia si no se cedía en ciertos aspectos. Otra gran dificultad fue el hecho de que tres ponentes pertenecían a UCD, una coalición electoral con distintos puntos de vista ideológicos que serían incluso incompatibles en el desarrollo del anteproyecto constitucional. Por otra parte, también se encontraba la cuestión monárquica, en la cual los únicos que votaron contra el sistema de monarquía parlamentaria fueron los representantes socialistas, cediendo paradójicamente en ello el PCE representado por Solé Tura.

Sin embargo, el consenso fue posible gracias a la seriedad e interés por la transición democrática de la que hicieron gala los ‘padres’ de la Constitución. Todo ello hecho posible con grandes sacrificios en interminables reuniones –secretas como las más conocidas de Fernando Abril Martorell de UCD y Alfonso Guerra del PSOE-, los acuerdos de los Pactos de la Moncloa, y sobre todo por las concesiones de todos los integrantes por el bien común: a pesar de ser aprobada por mayoría de UCD y AP, no se realizó una Constitución que pudiera denominarse reaccionaria, ni PSOE ni PCE entorpecieron la transición democrática con ningún plan revisionista.

El texto fue aprobado el 31 de octubre de 1978 en el Congreso por 325 votos a favor, 6 en contra (diputados de Alianza Popular y PSOE vasco) y 14 abstenciones (entre las que figuran las del PNV), y aprobado también en el Senado por 226 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones.

La Constitución española fue finalmente aprobada por referéndum el 6 de diciembre de 1978. Sin embargo, contó con bastantes ausencias preocupantes: el 33% del censo se abstuvo, siendo aprobada solamente por 15,7 millones millones de españoles, el 58% del censo total frente al 8% de los 1,4 millones de votos en contra. Por otra parte, el nacionalismo vasco no estuvo representado en la gestación de la Constitución, provocando la abstención del PNV y todo su apoyo social de validarla en el referéndum, creando así un referente del problema soberanista vasco actual.

Sin embargo, la Constitución se puede considerar un éxito ya que ha cumplido veinticinco años sin haber sido modificada más que en algunas enmiendas, y estableciendo un modelo de Estado descentralizado y monárquico parlamentario que permite el consenso necesario entre todos los posicionamientos ideológicos españoles, funcionando más allá de los fallos que se le achacan.

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