19.2.05

La construcción de la Unión Europea

Cuenta el mito clásico que Zeus, transformado en toro, raptó a Europa, una bella joven asiática hija del rey de Tiro Agenor, y la llevó a Creta. Esta metáfora ha ilustrado los orígenes de lo que es hoy Europa, su cultura e historia. El viejo continente, deudor natal de Oriente Medio y las culturas mediterráneas.

Muchos han sido los imperios que han intentado unificar a Europa bajo su poder. Desde el imperio comercial fenicio y griego por el mediterráneo, al militar y político de Roma.
La religión ha servido para intentar cohesionar bajo el poder de Dios el poder mortal de sus dirigentes: La Edad Media es la lucha de la Iglesia, desde Roma a Aviñón por disputarse el control de los fieles contra el Sacro Imperio Romano Germánico y los imperios infieles venidos de Oriente. Las interminables guerras que han azotado Europa han sido por la supremacía del continente, desde la Guerra de los Treinta Años a la Primera Guerra Mundial; desde Napoleón a Hitler.

Sin embargo, no es hasta la mitad del siglo XX cuando Europa ha estado más unida que nunca. Lo que no pudieron las armas, la teología o el poder omnipresente de los caudillos, lo ha logrado la voluntad de todos los ciudadanos europeos.

El origen de la unificación europea
Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba destruida por el conflicto bélico. La barbarie no solo había acabado con más de diez millones de vidas, si no que todo el progreso europeo en infraestructura, industria y redes de comunicación debía partir casi de cero de nuevo. El apoyo estadounidense con el “Plan Marshal” fue fundamental, pero también lo fue la solidaridad paneuropea.

En 1950 el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Robert Schuman, propuso integrar las industrias del carbón y el acero de Europa Occidental. El resultado fue la creaciónen 1951 de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), integrada por Bélgica, Alemania Occidental, Luxemburgo, Francia, Italia y los Países Bajos. Países que diez años antes habían librado la guerra más violenta de la historia, pero que habían comprendido la necesidad de solidaridad y cooperación entre ellos para salir adelante. Los padres fundadores de este embrión paneuropeo fueron Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer, Robert Schuman y Jean Monnet. Este último sería el primer presidente de la “Alta Autoridad”, el primer organismo supranacional europeo que regulaba a la CECA gracias a la concesión de cierta soberanía por los países integrantes.

El éxito de la CECA llevó a los seis países a querer una mayor cooperación económica, que devino finalmente al Tratado de Roma de 1957, por el que se crearon tanto la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) y la Comunidad Económica Europea (CEE) Este tratado avanzó el concepto de “mercado común”, con la libre circulación de bienes. Sin embargo, el libre movimiento de personas, capitales y servicios siguió sufriendo importantes limitaciones hasta la unión total del Acta Única firmada en 1987. La CEE por otro lado fue dotada de una serie de instituciones para su funcionamiento como organismo supranacional: la Comisión, el Consejo, la Asamblea Europea (posteriormente el Parlamento Europeo), el Tribunal de Justicia y el Comité Económico Social. Todas las competencias de cada institución han sido ampliadas y matizadas en los diversos acuerdos y tratados posteriores

Por otra parte, también se acordó en Roma la “Política Agraria Común” (PAC), una política consensuada para proteger el mercado de los miembros frente a otros mercados. Para lograr tal objetivo se crearía en 1962 el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (FEOGA), fondo que aún a día de hoy es un pilar de la Unión Europea, y que apenas ha sido reformado desde su constitución hace cuarenta años.

La “Europa de los nueve”
El éxito de la CEE impulsó a varios países a querer integrarse en la CEE. Reino Unido pidió su admisión a principios de los años sesenta, pero la negativa francesa retrasó la vinculación hasta el uno de enero 1973, cuando fue aceptada su petición junto con la unión de Irlanda y Dinamarca. Esto impulsó el crecimiento de la Comunidad hasta tener cerca de 250 millones de habitantes.

Durante este periodo histórico también destaca la fusión en 1967 de las instituciones de las tres Comunidades Europeas. Doce años después, en 1979, se realizarían las primeras elecciones de los ciudadanos de los Estados miembros para elegir a sus representantes, elecciones que se han repetido cada lustro hasta el día de hoy.

La consolidación europea
Aunque en sus inicios la política de la Comunidad estaba centrada en el devenir económico y lo social, la formalización de la CEE como ente internacional la hizo adquirir competencias más diversas, como por ejemplo “Seguridad Común” y “Política Exterior”.

La Comunidad siguió creciendo con la incorporación de Grecia (1981), Portugal y España (1986), creándose así la necesidad de modificar las estructuras institucionales que habían servido para la “Europa de los Seis”, pero que en ese momento doblaba los miembros, heterogéneos en su situación económica y social. Por ello, los Tratados fundacionales se modificaron en la “Acta Única Europea”, dirigida por Jacques Delors, el uno de julio de 1987. Se aseguraba así la libre circulación de personas, bienes, capitales y servicios; se crearon fondos para el desarrollo de las regiones más atrasadas (Portugal, Grecia y España principalmente) y se adaptaba a la Comunidad a su situación contemporánea.

La Unión Europea nace del Tratado de Maastricht de 1992, fusionando definitivamente todos los Tratados y la Acta Única, para darle carácter político a la Unión más allá de la mera cooperación económica. El Tratado de la Unión Europea tiene metafóricamente forma de “templo griego” sustentado por tres pilares, como afirman quienes lo redactaron: El pilar central, “pilar comunitario”, basado en los tratados supranacionales –Tratados comunitarios, mercado común, PAC, Fondos de Cohesión...-, y los pilares exteriores de “cooperación entre gobiernos”, formados por “Política Exterior y Seguridad Común” (PESC) y “Justicia y Asuntos de Interior” (JAI)

La marcha a la moneda única: El Euro
El Tratado de Maastricht inició por otra parte el camino hacia la moneda única, estableciendo el calendario y los criterios para lograrla. Antes se establecieron unos programas de convergencia para coordinar las políticas económicas. Sin embargo, es con el Tratado cuando se toman medidas como independizar los bancos centrales de los gobiernos y la prohibición de financiar estos al sector público. Por otra parte, se creó el Instituto Monetario Europeo, embrión del Banco Central Europeo.


La tercera fase del Euro se inició en 1999, estableciéndose irrevocablemente los tipos de cambio –un Euro, 166,386 pesetas- y creándose el Banco Central Europeo para coordinar la política económica. Para la adhesión al Euro, se establecieron unos criterios que finalmente fueron bastante flexibilizados pues dejaban fuera a países como Italia –deuda pública por encima del 120% del PIB- o España, también con deuda pública superior a lo exigido inicialmente. Finalmente, el Euro se estableció como moneda europea el uno de enero de 2002, quedando fuera Reino Unido, Dinamarca y Suecia.

Mientras, la Unión Europea fue ampliada a quince miembros, con la adhesión de Austria, Finlandia y Suecia en 1995, y se iniciaron los trámites para la futura involucración en el proyecto europeo de los países del Este, libres tras la desaparición de la Unión Soviética. Sin embargo, el nuevo desarrollo de la estructura interna europea excedía a lo planificado en el Tratado de Maastricht, por lo que hubo que acometer reformas en el Tratado de Amsterdam de 1997. Este Tratado prestó más atención a los ciudadanos que a otros elementos de la Unión Europea, haciendo hincapié en materia laboral, seguridad y justicia. Así, en 1998, el Consejo Europeo acordó que la UE redactase y aprobase una Carta de Derechos Fundamentales basada en los principios generales expresados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), de 1950.

La Unión Europea sigue ampliándose actualmente, abarcando cada vez más al continente en su totalidad. Diez nuevos países fueron acogidos en 2004: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y la República Checa. Bulgaria y Rumania esperan unirse en 2007, y Croacia y Turquía comienzan las negociaciones de adhesión este año.

Para el correcto funcionamiento de la Unión Europea, se han ido creando nuevas medidas para adoptar las instituciones a la realidad europea. Así, el Tratado de Niza, de 2003, ha modificado a los organismos europeos para ser marco de la “Europa de los veinticinco”, y se ha aprobado la primera Constitución Europea que aglutina a todos los tratados para que empiece a ser referencia de la Unión en 2006.

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